viernes, 3 de febrero de 2017

Eres humano, aceptarse como tal es el secreto para seguir adelante

Llega un momento en el cual comenzamos una búsqueda hacia algo más profundo. De forma frecuente, esta inquietud suele surgir a raíz de un conflicto que se presenta en nuestra vida. Un duelo, una separación, un ciclo que se cierra. Alguna situación que nos golpea y nos despierta de un letargo, no sabes que es, pero sentimos un vacío difícil de llenar, interrogantes que requieren un cambio inmediato.

Comenzamos la búsqueda a través de libros, charlas, talleres que te brinden una luz en el camino. Coqueteas con disciplinas como el Reiki, Coaching, Mindfulness, meditación guiada, alimentación sagrada, lecturas de Tarot, Yoga, Numerología, Ángeles y un largo etcétera, con la intención (y creo que esto nos pasa a todos) de que algo en nuestra vida mejore. Eso sí, seguimos centrados en el afuera. Nos esforzamos por ponerlo en práctica inmediatamente, sonreímos, tratamos de dejar pasar discusiones, malas actitudes, guardamos incómodos silencios porque así pensamos que estamos aplicando efectivamente todas las técnicas aprendidas...

Cuando nos reunimos con otras personas, sacamos cualquier tema que tenga que ver con el último libro que hemos leído, la última técnica que hemos aprendido, e incorporáramos nuestros conocimientos a las personas que nos rodean. Tanto es así que considero que llegamos a hacer proselitismo.   Esto es muy humano.

Pero de pronto, ese muro de contención que hemos levando se viene abajo y perdemos esa conexión de la que tanto alardeábamos. Nuestra frustración aumenta, cuando sentimos que aquello que sabemos, que hemos aprendido, aquello que ciertamente hemos sentido, nos resulta muy difícil aplicar en nuestra vida diaria y de pronto nos vemos de nuevo desbordados por los problemas, reaccionado explosivamente ante pequeños detalles...  Descubrimos que la conexión se ha esfumado, y tenemos que aguantar con paciencia, a personas cercanas incrédulos de nuestro crecimiento personal, que con sorna nos digan... "Pero, ¿tú no eras tan espiritual? ", "¿No eras un ser de Luz?"
O sencillamente te ponen a prueba para saber si realmente puedes aguantar tanto como crees (te lo juro que hay de estos)

¿Qué es lo que ocurre, que cuanto más entras en temas místicos o de crecimiento personal, más conflictos parecemos atraer?  ¿Nos pone a prueba el Universo? ¿No hemos avanzado lo suficiente?
El problema es, que cuando iniciamos nuestra búsqueda para encontrarnos a nosotros mismos, creemos que pasamos a ser espirituales, expertos en desarrollo personal, seres pacientes que se inmutan ante la adversidad, utilizamos con mucho orgullo la palabra resiliencia para definirnos como personas capaces de resurgir de las dificultades, esto está muy bien, pero…   nos olvidamos que habitamos aquí en la tierra.  Deseamos hacer un cambio hacia afuera rápidamente sin aceptar como somos hacia adentro.

No podemos ser espirituales o personas con capacidad de gestionar nuestras emociones, olvidándonos que están ahí, tratando de dejarlas a un lado.  Somos UNO habitando en este cuerpo, con emociones, pensamientos, un cuerpo y un alma.  Queriendo ser perfectos, seres capacitados, avanzados en nuestro proceso de vida, pasamos a ser seres siniestros que sonríen de forma constante a los cuales no afectan los problemas. Pero por dentro nos morimos de miedo o frustración. Tratamos de crear una especie de escaparate, donde vendemos nuestra nueva imagen.

En mi camino he descubierto que somos perfectamente imperfectos, puedes aprender lo que quieras, ir a cuantos talleres te apetezca, pero si aun así no te has aceptado, nada habrá valido la pena. Aceptarse es reconocer en ti, en una relación para contigo, como eres. 

Reconocer tus fortalezas, tus virtudes, pero también tus debilidades y eso, que no deseas que la gente sepa de ti. El solo reconocimiento de esto, te brindará la libertad de aceptarte para después cambiar lo que desees.

Pruébalo, es un ejercicio íntimo que no tiene que ser manifestado a nadie, solo será un reconocimiento de tu verdad, que engrandece tu luz.

Clairet Reyes


www.clairetreyes.com

sábado, 19 de noviembre de 2016

Si te ofendes tienes razón, es una emoción que nace en ti

A ver si te suena familiar este diálogo telefónico de una situación que llamaremos X:

Persona cualquiera que vela por sus intereses:
 - ¡No te puedo pagar eso!  ¡Ese trabajo no vale el dinero que me cobras!

Persona que recibe la información y a quien se le disparan las alertas emocionales:
 - Vale, si así lo piensas. Me entra otra llamada, después te hablo - me excuse ofendida y colgué la llamada.
Realmente no quería hablar nada más con ese hombre...  ¿Cómo se atrevía a desvalorizar mi trabajo así?  ¿Dónde encontraría una persona tan fiel como yo, que le hiciera un trabajo impoluto como el mío? ¿Y las veces que le había realizado trabajos sin cobrar? ¡Ah claro, así si "debíamos invertir todos"!... ¡No amigo mío, la vida es una calle de doble sentido....yo te doy tú me das...pero parece que algunos se les olvida en el camino que han necesitado ayuda...!

Consciencia del pensamiento stop:
-¡Para, para! ¡De verdad para ya! ¡Calla de una vez! - le ordene a mi mente después de escuchar atentamente lo que vociferaba. Pero a medida que dejaba fluir los pensamientos, me daba cuenta que tomaba más fuerza, así que tuve que detenerla.

¿Te ha pasado alguna vez, sentirte ofendido por una situación que no responde a tus expectativas?
Cuando estamos ofendidos, indignados, molestos... tenemos dos opciones, permitir  que la emoción nos controle, nos limite o tomar el control y decidir cómo quieres sentirte.

En el primer caso, ya sabes lo que ocurrirá. No sería la primera vez que el ego se ofende, al fin y al cabo está diseñado para sobrevivir y defenderse. Pasa religiosamente, te ofendes, llamas a dos personas que te apoyen y  sostengan tu conflicto. Le contarás, exagerando un poco toda la situación (para conseguir la aprobación) y así estar más seguro de tu indignación. Y es que es muy fácil encontrar personas que se indignen contigo. Sobre todo porque a las personas a las que acudes, de una forma u otra son como veletas, van donde les convenga, sin criterio propio, o personas que hacen que te escuchan y te dan la razón para que calles de una vez, pero tú estarás tan centrado en la queja que ni te darás cuenta,   ya tu ego se encargará de encontrar a las personas acordes a él mismo.

Otra alternativa es observar lo que ha ocurrido, después de escucharte a ti mismo, después de conocer la emoción desbocada que acababa de ocurrir. Conocerte, esa la idea de observar las emociones, o previamente a la explosión, o después de ello.

Pero ¿cómo haces para no indignarte? ¿Qué es realmente la indignación?.
Según la RAE: “Enojo, ira, enfado vehemente contra una persona o contra sus actos”.

“...Contra una persona o contra sus actos.” Qué curioso que no se defina la indignación dentro de ti mismo, que es donde ocurre.

Pero volvamos al caso inicial. La primera alternativa, te dejará agotado, discutirás por tus derechos y quizás conseguirás lo que quieres por la fuerza, pero sabes de hecho que ya no trabajarás más con esa persona.

Entender lo que sientes dentro de ti, que es lo que te molesta de esa actitud.
Observándote,  verás un claro "pobre de mí", "pobre de mí que no valoras mi trabajo", "pobre de mí que me tratas así", "pobre de mí"... bla bla bla...

Decide llegar a un trato contigo mismo... Ante todo reconoce la situación, elige si aceptas o no el trabajo, si no lo aceptas será tu elección y si lo aceptas negocia las condiciones, no lo tomes a título personal, es solo trabajo. Decide respetar y valorar tu trabajo, tu  esfuerzo, tu valía laboral... y decide aceptar lo que te ofrecen, como un vehículo para conseguir más personas y empresas que si valoren tu trabajo. Tienes el derecho de estar contento con lo que estás haciendo y con los que si valoran lo que haces.

Ahora eliges tú, dónde y con quién quieres trabajar y con quién no.  Descubre el "pobre de mí" que te limita y te hace sentir ofendido. Ahora lo puedes ver, observar y trabajarlo, permitirte trascender la emoción hasta convertirla en valoración. El problema de no tomarte un tiempo para ver lo que ocurre cuando te ofendes, es que atraerás más personas para hacerte consciente de aquello que no ves. Es un trabajo de hormiga, pero es maravilloso poner el foco dentro de ti, recuperas el poder de decisión que habías perdido.

¿Se repetirá una situación similar en tu vida? Posiblemente sí, pero ahora te tomaras tu tiempo, tratarás de responder desde ti y no desde tu ego, porque eres tú quien controla tu vida, eres tú quien decide si te sientes bien o te sientes mal.
Y cuando la responsabilidad de tus emociones son solo tuyas, tienes el poder en tus manos.

Ahora decide no ofenderte. Y si te ofendes, recuerda que la emoción sucede dentro de ti, trasciende la emoción, aprende de ella, limpia y libérate.

Como decía el doctor Wayne Dyer  "si buscas algo por lo que sentirte ofendido,  indignado... siempre lo encontrarás"

Clairet Reyes
Twitter @clairetreyes
Instagram @clairetreyes


miércoles, 2 de noviembre de 2016

Puedo elegir como sentirme





"Me tomó mucho tiempo darme cuenta de que cada quien es responsable de su vida. Me tomó años descubrir que mi angustia, mi depresión, mi coraje, mi insomnio, mi estrés, no resolvían sus problemas, sino que agravaban los míos.

No soy responsable de las acciones de los demás, pero sí soy responsable de las reacciones que yo exprese ante eso.

Por lo tanto, llegué a la conclusión de que mi deber para conmigo mismo, es mantener la calma y dejar que cada quien resuelva lo que le corresponde.

En todas las disciplinas como el yoga, meditación, un curso de milagros, desarrollo humano, higiene mental, vibración, programación neurolingüística, biodescodificación... en todos ellos se encuentra un común denominador que conducen al mismo punto...

Que sólo puedo tener injerencia sobre mí mismo, y que todos tienen los recursos necesarios para resolver sus propias vidas.

Sólo podré darles mi opinión objetiva ante un problema, si acaso me lo piden, depende de los demás si les resuena o no.

Así que, de hoy en adelante, dejo de ser el receptáculo de responsabilidades que no me corresponden, costal de culpas, lavandero de remordimientos, abogado de faltas ajenas, ni muro de lamentos. No deseo seguir siendo el resuelve problemas, o llanta de repuesto para cumplir las responsabilidades que otros han asumido.

A partir de ahora me declaro y los declaro adultos independientes y autosuficientes. Desde esa libertad podremos amarnos, respetándonos mutuamente"


Autor desconocido

martes, 27 de septiembre de 2016

Deja brillar tu luz

 "Lo que más miedo nos da no es ser incapaces. Lo que más miedo nos da es ser poderosos más allá de toda medida. Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que más nos asusta".

 "¿Quién soy yo para ser una persona brillante, hermosa, dotada, fabulosa ?"
 En realidad ¿quién eres para no serlo? 

Eres un hijo de Dios, y si juegas a empequeñecerte, con eso no sirves al mundo. Encogerte para que los que te rodean no se sientan inseguros no tiene nada de iluminado. 

Todos estamos hechos para brillar, como brillan los niños. Nacimos para poner de manifiesto la gloria de Dios, que está dentro de nosotros. No sólo en algunos, sino en todos nosotros.
 Y si dejamos brillar nuestra propia luz, inconscientemente daremos permiso a los demás para hacer lo mismo. 
Al liberarnos de nuestro propio miedo, nuestra presencia automáticamente liberará a los demás.



Marianne Williamson, del libro “Volver al amor”

lunes, 26 de septiembre de 2016

Despedida - Microcuento



Sosteniendo en brazos al amor de su vida,
de su adolescencia. 
La muerte no tenía paciencia.
Ella solo debía darle valor. 
Pero de pronto lo comprendió,
estaba perdiendo calor, 
él solo necesitaba que lo dejara partir. 
Se acercó, brindándole el más dulce de los besos, 
le susurro al oído ¡Ya puedes descansar! ...
Unos segundos pasaron,
la muerte no quería esperar, 
su último aliento exhaló. 
Allí, en sus brazos,
donde todo había comenzado, 
todo había terminado.

Clairet Reyes


jueves, 11 de agosto de 2016

No mueras con tus muertos





No mueras con tus muertos.
Aunque el dolor ahogue tu voz.
Aunque las lágrimas no cesen de brotar.
Aunque no comprendas lo ocurrido…
No mueras con tus muertos.

Aunque algunos días no puedas tan siquiera levantarte.
Aunque la ilusión haya desaparecido de tu vida.
Aunque sonreír sea un sobreesfuerzo…
No mueras con tus muertos.

Aunque el llanto desgarre tu garganta.
Aunque no desees pronunciar palabra alguna.
Aunque tu ser amado haya partido sin haberse despedido.
Aunque fuese muy poco el tiempo a su lado transcurrido...
No mueras con tus muertos.

Porque la vida continua, porque vivir vale la pena, porque todos tenemos un principio y un final aquí en la tierra… 
No mueras con tus muertos.

Nuestra esencia prevalecerá impoluta a través de este, el tiempo terrenal,
trascendiendo portales, superando barreras, 
esparciendo amor allí por donde va.
Porque nuestra esencia perdurara siempre... 
No mueras con tus muertos.

Vive, y agradece el corto tiempo que pasaste a su lado, deja que una pequeña parte de su esencia perdure en los buenos recuerdos.  
Vale la pena seguir,  retomar la alegría y la ilusión de estar vivos. 
Por ello... no mueras con tus muertos.


Porque si permaneces aquí, triste apagado, llorando eternamente su partida, no estarás respetando su proceso de vida. 

Por eso te digo,  vive tu luto, honra tus muertos, son tus ancestros, tu pasado y tu ser amado,  pero… 
No mueras con tus muertos. 

@clairetreyes

domingo, 15 de mayo de 2016

Registros Akáshicos. ¿Qué son y cómo se accede?



La palabra  akáshico proviene del antiguo sánscrito  de la India que significa “alma”. El Registro Akáshico (RA) es denominado el libro de la vida, donde se registra toda la información del alma. Es como una gran biblioteca universal donde se guarda la información de todas las reencarnaciones y vidas de los seres.  También se le conoce como quinta esencia o sonido sagrado.

El archivo akáshico es atemporal, quiere decir que no se rige por un tiempo lineal, sino que vibra en el tiempo circular, donde pasado presente y futuro interactúan  continuamente. La lectura de los registros akáshicos, permite el proceso acelerado de sanación del alma y del ser en todos los cuerpos y dimensiones y planos.

Con la información de la lectura de tu Registro Akáshico, tomas conciencia de tu Ser superior, comprendes lo que hay que sanar transmutar o iluminar.

En las lecturas de los registros que he realizado, me doy cuenta que la información llega de forma amorosa, sutil y con una vibración muy alta, brindando a la persona que lo recibe una sensación de paz y armonía. La persona es capaz de ver, que aquello que le atormentaba, realmente es un proceso de aprendizaje lleno de mucha luz y amor en su vida. Desde esta conciencia, es mucho más fácil y conciliador caminar por la vida, siendo más empáticos con las personas que nos rodean.

Gracias a la Divinidad, la información que te brindan hace que despierte en ti, un amoroso proceso de entendimiento. Muchas personas recuerdan la información brindada, pero los miedos, el dolor o emociones densas no permitían que comprendas, o quizás simplemente no era momento de recibirla.

Las personas que solicitan la lectura de los registros akáshicos, es porque están preparadas para escuchar en ese momento. Así también hay preguntas que no son respondidas, simplemente porque no es el momento de que te sea dada. Llegará la información en el momento que corresponda, ni antes , ni después.

La lectura de los registros akáshicos es una herramienta maravillosa de conexión contigo mismo.


¿Qué preguntar y cómo?

Recomiendo que antes de solicitar la lectura, hagas una pequeña meditación o aquietes la mente. No te agobies con esto, es solo tener la intención de conectar con lo sagrado de ti.  En un papel escribe todas las preguntas que creas querer saber (aquí estará respondiendo tu mente). Cierra los ojos, realiza tres respiraciones profundas y lee nuevamente las preguntas,  establece una prioridad en las mismas. Te darás cuenta que dos o res preguntas llevan al mismo lugar. Trata de obtener de todas, preguntas específicas, claras y directas.

En mi caso, leo los registros a través de mail, pues así se evita la interferencia de la mente.
El mail debes dirigirlo a preguntar directamente a tus Guías espirituales, como si hablaras con ellos.

¿Qué preguntas hacer y cuales evitar?

  • El Amor es una pregunta que trato de evitar, pues ambas personas en su libre albedrío se han elegido el uno al otro, para un aprendizaje, o por un acuerdo previo. Sin embargo, puedes preguntar acerca de ti con relación a una persona, pero no puedes acceder a la vida y voluntad de la otra persona. Los registros son solo de tu vida y tus memorias. Por ejemplo podrías preguntar: En la relación que mantengo con... qué tengo que aprender, saber, dejar de saber, ver...? Por qué me es difícil comprenderle?
  • Se recomienda preguntar acerca de esta vida, si existe alguna información que sea relevante de otras vidas, te la brindaran de la misma forma.
  • En la apertura de los registros akáshico llega mucha información, así que te pido que se hagan cuatro a cinco preguntas como máximo, por ello es importante escojas las preguntas principales.
  • La información resonará en ti de forma maravillosa y se abrirá una puerta a través de la cual comenzaras a ver con más claridad.
Si estas interesado en la lectura, puedes escribirme a través del correo electrónico siempreatulado.r@gmail.com en este mail solo tengo acceso yo, así que en confianza, puedes escribirme. Te enviaré la forma en como debes dirigir el mail y comenzar tu proceso sagrado.

Recibe un abrazo de luz.

Clairet Reyes

Twitter @clairetreyes

viernes, 22 de abril de 2016

Escuchando lo que siento

Un día cualquiera me dirijo hacia el metro, pérdida en mi agenda mental. De pronto,  se despierta en mi una sensación de desasosiego. Observo y me pregunto ¿Qué  es lo que siento?  Lo identifico y le pongo una etiqueta ... "pobre de mí".

... La idea era solo observar,  sin juzgar,  sin etiquetar. Conozco bien la teoría, hablo de ello en mis charlas. Pero ya está hecho. La he etiquetado, una pequeña manía de ponerle nombre a lo que siento, que me aleja de mi misma...


Después de unos minutos observando, reconozco que es una emoción que surge de algo vivido,  reconocido del pasado. Pero no es una realidad actual.  La observo, y me doy cuenta que no es la primera vez que la tengo.

 Trato de ver mi reacción física... es, como una opresión en el pecho,  un halo de culpabilidad aparece asomado como diciendo:  ¡Tan fácil que es, cuando haces las cosas bien! 

Lo observo. Lo dejo estar.  Esta ahí.  Lo siento. Ni siquiera tengo que pensarlo, pareciera que tiene vida propia.  Es posible que tenga tentáculos,  si,  porque siento como se extiende desde el pecho, hacia los laterales de mi cuerpo. De pronto comienzo a respirar con dificultad. No pasa el aire de forma regular, un nudo se posiciona en mi garganta.  Ahí está, puedo notarlo. Es algo parecido, a cuando comes un trozo de carne muy grande, y se queda a mitad de camino.  Trago. Me cuesta tragar.  Pareciera que sube.  Ahora tengo un poco de dolor de cabeza. También aparece un pequeño dolor en la zona baja de la espalda. Mi respiración se agita un poco más.   Observo. 

Llegó al metro.  Me siento.  Continuó observando.  Un dolor leve aparece en mi hombro izquierdo. Observo.  Mis pensamientos, ahora acompañan a los dolores y pienso en las deudas económicas. Vuelta a empezar.  ¡Si tan siquiera hubiese echo las cosas bien!

Me hago consciente, que todo esto sucede mientras observo. Soy los pensamientos,  pero también  mi cuerpo biológizando y soy quien observa... 

Muy bien!  ya observé!   Ahora respiro profundo.  Tomo una decisión:  Este es mi cuerpo.  Mis emociones,  mis pensamientos , soy yo quien controla y decido. 

Hago tres respiraciones profundas, casi con la intención de hiper ventilar.  
Mi cuerpo comienza a recuperar la presencia que necesito.  Muevo un poco el cuerpo para recordar que soy yo quién está al mando. Me toco el cuello y el hombro esa parte que se ha tensado y masajeo discretamente, pues aun continúo en el metro.
Me digo con certeza, que no necesito ni dolor,  ni pensamientos castrantes.  Lo vivido, es parte de mi aprendizaje y pertenece al pasado. Ya no necesito nada que ponga en tensión mi cuerpo. 

Comprendo que hasta ayer, pensaba que todo esto me correspondía como parte de un castigo. Me había sentido culpable , había creado un castigador. Pero todo esto contradice mi Ser,  contradice el Universo donde vivo. Contradice mi Divinidad.  Todo se crea.  He creado un mundo ficticio, que decido dejar atrás.  Ha sido una fantasía. Ha sido un mundo virtual. Nada es verdad.  Hasta el dolor que ahora siento en el costado izquierdo. Me muevo y le doy las gracias a todos y cada uno de los dolores.  Los he creado yo,   ahora ya no los necesito. Los despido. Mi cuerpo comienza a recuperarse, comienzo a sentirme liviana, serena, con más energía. 

Ahora, que ya he observado mis emociones, mi cuerpo y mis pensamientos, es el momento de utilizar las palabras positivas. 

Ahora, ya no se quedaran en el vacío... porque desde esta conciencia de presencia, sin juzgarnos como seres humanos que somos, perfectamente imperfectos... desde esta presencia, desde esta esencia, recuerdo que ... 
Todo es fácil para mi.

Clairet Reyes /Siempre a tu lado

miércoles, 23 de marzo de 2016

LA DELGADA LINEA ENTRE EL ENFERMO Y CUIDADOR

La enfermedad es, esa sacudida que nos da la vida en un momento determinado. Nos detiene ipso facto ante lo que estemos haciendo, empujandonos irremediablemente a replantearnos nuestra existencia.

Cuando una persona cae enferma, se le debe cuidar para conseguir hacer más llevadera su enfermedad, pero ... ¿Quién cuida al cuidador?


Existe una delgada línea que separa la vida de un enfermo, a la de quien le cuida.  La persona  que está enferma, espera que le cuiden, que le protejan, que le guíen. Debe dejar, en oportunidades de ejercer su normal vida, para dejarse estar, y conseguir mejoría, dejarlo todo, pensar solo en su salud.
Mientras que, el que cuida, debe ser fuerte, saber qué hacer en un momento de urgencia, saber resolver, estar siempre cerca, sin dejar su vida de lado,  debe continuar con su trabajo, con la familia, las responsabilidades, con  la vida  o simplemente dejarlo todo, entregando casi su existencia al cuidado de quien lo necesita, y así lo espera.
El enfermo siempre estará atendido en el hospital, por enfermeras, médicos, fisioterapeutas, personal de servicio.... Se le pregunta ¿Cómo sigue? ¿Cómo está? ¿Qué necesita?...
Al cuidador, se le da por hecho que es el fuerte, es “al que le ha tocado”, y el que no tiene derecho a pedir ayuda. No se le pregunta ¿Cómo esta? y en escasas oportunidades se le pregunta ¿dormiste bien? La respuesta es obvia, ya que tienen para dormir un sillón reclinable donde dificilmente se pueden mover.

 Las enfermeras del turno de noche (benditas todas por su profesión), entran a colocar las dosis que corresponden cada dos horas y en oportunidades cada media hora, dependiendo de la gravedad del mismo... Esto si la hospitalización es en un centro privado. Si es un centro publico, donde hay dos o tres pacientes, pues cada uno tendrá un tratamiento diferente, a distintas horas de la noche. El cuidador debe aprovechar los escasos lapsos, para descansar y a la vez estar vigilantes de quien cuida.
He leído recientemente que sanidad de Madrid, estudiará las formas para que los tratamientos puedan colorcarse durante el día y asi, no irrumpir el descanso del paciente por las noches. En esta notica tampoco se mencionó al cuidador, es obvio que quien amerita los cuidados es el enfermo. 

LA VUELTA A CASA
Cuando se llega a casa con el enfermo de recuperación, es mucho mejor ¡ya estás en casa! Pero comienza otro proceso... Se da por hecho que todos están descansado. El paciente continúa requiriendo sus medicamentos, pero ahora es el familiar,  quién sustituyendo a las enfermeras y equipo medico, debe coordinar los horarios de los medicamentos a tiempo, evaluar temperaturas, observar cualquier sintoma fuera de lo común, y suministrar una alimentaciónadecuada; debe seguir con la vida diaria de la casa y si tiene un tiempo, echar alguna que otra cabezada por la noche.
Hay  enfermos que son receptivos. Es más fácil de cuidar, aquel que se deja ayudar, y atender. 
Pero si toca un paciente que por su enfermedad o carácter  es intranquilo, neurótico, malhumorado... tendrás que lidiar con una dosis más de paciencia de la habitual.
Y es que existe una delgada línea que separa al enfermo del cuidador, donde los derechos y los deberes de cada uno se unen en un amor fraternal para hacerlo más llevadero.

A TENER EN CUENTA

En este sentido, si usted es un enfermo  ¡por favor tenga compasión con quien le cuida! Trate de ser considerado. Si siente un poco de mejoría, demuéstrela, por ello no se le va a abandonar, pero le dará un grandioso margen de tranquilidad a su familiar.
Si usted es cuidador, tenga paciencia, al fin y al cabo a nadie le gusta estar enfermo, y recibir pinchazos, tomar medicamentos cada hora, sentirse mal... ser dependiente. La única manera de superarlo es con el amor profundo que usted siente por su enfermo. Saque todo ese amor, expréseselo, no encontrará mejor momento.
Y si usted es familiar cercano ¡por favor, ofrezca su ayuda! Aunque el cuidador no se la pida. Insista, insista en que duerma. Quédese con el enfermo y sustituya al cuidador unas horas para que pueda descansar, dar una vuelta, respirar... Esto le permite al cuidador tener perspectiva y ganar fuerzas. Llévese al cuidador a otro lugar fuera del hospital o del entorno del enfermo. O simplemente a tomarse un desayuno, mientras alguien se queda con el enfermo. 

Piense que esa persona que se convierte en el cuidador, aun teniendo alternativas, decide cuidar  al enfermo y permanecer a su lado hasta su recuperación.
Cuando hay un enfermo en la familia (y esto es inevitable en algún momento de la vida) se debe formar un equipo coordinado de acción.

HE VISTO MUCHO

He visto familias donde existe mucha colaboración, trabajan como un engranaje perfecto. 


He visto a pacientes salir del quirófano,  enfermeras llamar a familiares y no aparecer nadie.


He visto también a familiares acompañantes querer tomarse un café, pero no se atreven a moverse para no dejar al paciente solo. 


He visto cuidadores comer un trozo de pan de la bandeja que le corresponde al enfermo, porque nadie se le ocurrió llevarle comida, porque  presuponen que “está bien” y no le falta de nada.
Nadie está bien en un hospital, salvo el personal que trabaja y recibe un sueldo por ello y hacen su trabajo con dedicación y esmero.
Enfermos, familiares y cuidadores... es aquí donde la delgada línea pareciera no existir, pero es donde el dicho “en la unión esta la fuerza” gana más sentido.

La palabra que define el proceso es compasión. Compasión por el enfermo, por el cuidador, por su familia. No te limites a preguntar ... ve, presta la ayuda necesaria, con todo el amor del mundo, con la dedicación y la excelencia que su alma pueda demostrar... Ya el Universo se encargará de regresarte multiplicado el tiempo, el dinero, el esfuerzo y la intención. 


Quiero aprovechar este artículo para agradecer al personal de la 3era y 4ª planta del "Hospital Ramón y Cajal", al personal de quirófano, desde camilleros, celadores, enfermeras y médicos por su dedicación, por su vocación y por lo bien que tratan a los pacientes y familiares… “¡¡¡Gracias!!!”.
A la zona de oncología, y la maravillosa Unidad de ICTUS del "Hospital Ramón y Cajal", desde las chicas de recepción. A Voluntarios de la Asociación Española Contra El Cáncer.  Médicos y enfermeras.  Dios los bendiga a todos, hacen un trabajo excelente,  permiten que la angustia sea más llevadera ¡Gracias... un millón de gracias! © Cjrt

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